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El clima del centro de la Depresión del Ebro responde perfectamente al de una cuenca mediterránea con marcado carácter de continentalidad. Las dos cordilleras montañosas que la cierran por el Norte y por el Sur contribuyen a extremar los contrastes térmicos entre el verano y el invierno, así como a obstaculizar la entrada de borrascas portadoras de lluvia, lo que motiva su tendencia a la aridez. Su disposición geográfica refuerza la continentalidad del viento dominante, el cierzo muy frío en invierno, fresco en verano y siempre desecante. El viento presenta una clara dirección dominante N-NW y S-SW, debido a que ésta es la orientación que presenta la Depresión del Ebro, encerrada por las montañas del Sistema Ibérico y de los Pirineos, que obligan a los vientos a adoptar esta dirección. El viento del N-NW, conocido localmente como cierzo, es el que sopla con más frecuencia. Es un viento frío que está presente todo el año pero especialmente se deja notar en invierno.
La aridez es el elemento que caracteriza y unifica el espacio central aragonés. Las lluvias son siempre escasas, inferiores a 400 mm., pero sobre todo irregulares, con dos máximos en primavera y otoño, y dos mínimos muy acusados en verano e invierno. Es frecuente que la ausencia de precipitaciones se prolongue durante varias semanas consecutivas. Asimismo, se produce una fuerte irregularidad interanual, de forma que la cantidad de lluvia recogida puede multiplicarse por cuatro de un año a otro. El carácter continental se refleja en la fuerte variación de las temperaturas a lo largo del año. En verano, la disposición del territorio en cubeta cerrada favorece el progresivo calentamiento de las masas de aire y la elevación de las temperaturas, que en julio y agosto llegan hasta los 25°C de media, mientras que las máximas superan fácilmente los 35°C. En invierno, la situación se invierte: el dominio de las situaciones anticiciónicas provoca un largo período de frío intenso, con valores medios en enero inferiores a 6°C, así como las frecuentes heladas e inversiones térmicas por estancamiento invernal, acompañadas muchas veces por nieblas de irradiación que sumergen al valle en un desagradable e incómodo ambiente. Esta situación tiende a desaparecer al medio día cuando el sol calienta más.


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