
El comienzo del siglo
XII determinará para las tierras de la Ribera Alta del Ebro
un amplio cambio en suscondiciones político-administrativas.
La repoblación de la tierra conquistada a los cristianos traídos
de otras tierras, facilita la convivencia de estos con los sarracenos
que habitan
las
riberas del Ebro, los cuales llevaban bastante tiempo asentados, aunque
en pequeños grupos poblacionales. Asimismo, la condición
de zona fronteriza junto al camino principal que unía Zaragoza
y Pamplona, hacía que fuera el lugar idóneo para la
celebración de entrevistas por emisarios de ambos reinos.
Hay que destacar el papel desempeñado en esta zona por las
Órdenes de San Juan de Jerusalén y del Temple. Estas
órdenes militares, constituidas por monjes-soldados afanados
en la defensa a ultranza de la fe cristiana frente al infiel islámico,
tienen su origen íntimamente ligado al de las Cruzadas. Los
territorios de frontera, corno la Ribera Alta del Ebro, eran el objetivo
expansionista de dichas órdenes, aunque conforme avanzaba la
Reconquista, se dedicaron al aprovechamiento económico de los
recursos de sus señoríos interiores.
Alfonso I el Batallador dejó herederas de su reino a las órdenes
de San Juan de Jerusalén, del Temple y del Santo Sepulcro.
La Orden del Temple se instaló inicialmente en Novillas, y
la Orden de San Juan en Mallén, que llegó a convertirse
en el principal centro hospitalario de toda la fértil comarca
ribereña, incluidas las tierras navarras. Incluso superó
en importancia a la casa de Zaragoza. La encomienda de Mallén,
adscrita a la Castellanía de Amposta, amplió su jurisdicción
con las poblaciones de Figueruelas, Remolinos, Grisén, Bárboles,
Oitura, Peramán y Gallur, entre otras.