
El siglo XIX
comienza con los trágicos sucesos de la Guerra de la Independencia.
Tras la caída de la ciudad de Zaragoza, la ribera del Ebro
quedó completamente en manos francesas entre 1808 y 1813.
Dada
la situación estratégica de esta zona en el camino principal
de Zaragoza a Pamplona, aquí se instaló un punto de
recaudación de víveres de varios municipios: Mallén,
Novillas, Gallur, etc. con el consiguiente quebranto para las economías
domésticas. Igualmente, los franceses desmantelaron el pontón
que servía para cruzar el Ebro, lo que provocó graves
dificultades de comunicación con la margen izquierda.
En la segunda mitad del siglo XIX surge una incipiente industria,
complementada por la construcción del ferrocarril, que permite
un auge del comercio y un crecimiento notable en la demografía.
La ampliación de las tierras regadas con las aguas del Canal,
modificó el sistema agrario tradicional de toda la ribera del
Ebro entre Tudela y Zaragoza. El reparto de pequeños lotes
de tierra de secano, ahora de regadío, en detrimento de pastos
comunales, y la introducción de nuevos cultivos (maíz,
alfalfa y remolacha), cambió el panorama agrícola de
manera radical. Así la ganadería, importante en otras
épocas, perdió terreno a favor de la agricultura.